Talidomida: el fármaco más teratogénico de todos los tiempos

 

talidomida

En estos días que deambulaba por una de las avenidas del centro de Medellín, vi un hombre de aproximadamente 60 años de edad, que estaba tirado en el suelo,  a su lado tenía un paraguas roto, un carro de rodillos que usaba para transportarse y un sombrero con unas pocas monedas que le regalaban los viandantes de buen corazón.

Lo espeluznante  de esta escena era que, aquel hombre, no poseía extremidades — ni manos ni pies—; ligeramente vestido con unos harapos sucios, su rostro envejecido por el sol  y con una  mirada, triste y perdida que pedía a gritos: la compasión y la caridad de todos los demás.

… Su pesar me conmovió y  un escalofrío recorrió todo mi ser… Mi mente afligida por la nostalgia, me transporta a la triste historia de los años 50. Supuse que, este hombre, y dada su edad y condición física, era uno de los exponentes del más desalmado, cruel y acto inhumano, ocurrido  tal vez junto al  mayor desastre médico(por falta de serendipia) y farmacológico de todos los tiempos: la Talidomida.

 Focomelia

Focomelia es un trastorno que se manifiesta por una malformación de origen teratogénico, que involucra la malformación de las extremidades. El término es conocido desde el año 1936 y se relaciona, grotescamente, a  la estructura corpórea de las focas, que carecen de brazos y de piernas, por tanto, estás pobres personas al igual, “andan “arrastrándose durante toda la vida  (Domínguez., at al, 2015).

 Teratogénesis o dismorfogénesis

La teratogénesis es la alteración anatómica, bioquímica o funcional, provocada por una sustancia, fármaco o dispositivo médico y que es detectada durante la gestación, el nacimiento o después de este. Estas alteraciones, se clasifican en  mayores (focomelia) o menores (retraso en el desarrollo del comportamiento) (Pérez landeiro, 2002).

Historia de la talidomida

La talidomida es quizás el fármaco más polémico de todos los tiempos,  recordemos que fue sintetizada en el año de 1953 por Wilhem Kunz en los  laboratorios Alemanes Chemie Grünenthal, molecularmente, alfa-phtalyglutamic-acid-imida (Papaseit,at al, 2013).

La droga se comercializó después de unos  sencillos ensayos realizados en ratones y en no más 10 o 12 personas,  pues era lo común para la época (Chávez., at al, 2009).

Inicialmente, se comercializó como un tratamiento para la epilepsia, más tarde para la alergia y por último se demostró  que era útil para tratar la ansiedad, el insomnio, las náuseas y los vómitos asociados al primer trimestre de embarazo (redonda).

El primer nombre  comercial  fue  Contergan ®. Tres años después, la talidomida, con sus masivas campañas publicitarias, se convertiría en uno de los medicamento de venta libre más  consumidos por miles de mujeres embarazadas en casi todo el mundo, ya que se había  extendido con otros nombres a varios países de Europa, África, América, Australia, Asia y Canadá(chaves., at al, 2009).

Las madres que ingirieron el fármaco, desde el año 1954, hasta  finales de 1962, tuvieron bebés ciegos, sordos, con daño severo en el cerebro u otros órganos,  extremidades incompletas, parcialmente  incompletas, ausencia de los dedos  o en forma de aleta.  Se cree que este fármaco afectó más de 10.000 bebés en todo el mundo,  la mitad de los cuales murieron por malformaciones incompatibles con la vida , aunque las cifras reales por falta de legislación farmacéutica de muchos países en aquel entonces se pierden en el tiempo ( Meckler, 2009).

La talidomida es un fármaco tan teratogénico, que con sólo consumir una sola dosis, e incluso, hasta  con solo que la madre embarazada toque el medicamento con sus manos, podría ser suficiente para provocar las terribles deformaciones (seldis., at al, 1999).

Parece ser que la talidomida interviene la proteína responsable de la formación  de las       extremidades del futuro bebé, precisamente  en el segundo y tercer mes del embarazo

Lo curioso de todo esto, fue que a pesar de haberse encontrado la causa de las malformaciones—la talidomida—, el laboratorio hace caso omiso y seguía comercializando el medicamento.

Dos hechos fundamentales sucedieron después de la gran catástrofe

 El primero fue que en 1965, Jacob Sheskin, un dermatólogo judío, descubrió que sus pacientes mejoraban rápidamente del eritema nodoso lepromatoso, cuando les recetó la talidomida para controlarla ansiedad que les producía la enfermedad, despertando rápidamente así el interés científico como una droga inmunomoduladora (Ruiz, 2017).

Hoy en día, la talidomida ” bajo estrictas normas de seguridad” sigue todavía muy vigente en muchos países, sin embargo, en el año 2001 se escribió un artículo donde relacionan al fármaco con nuevas malformaciones “A pesar de la vigilancia estrecha y la estricta distribución del fármaco, se han seguido reportando casos de malformaciones en recién nacidos, sobre todo en zonas endémicas de lepra específicamente en Brasil, donde la venta del fármaco es indiscriminada” (sigala., at al, 2001).

El Invima, en Colombia, en el año 2015, renovó nuevamente el registro sanitario del inmunoprin (talidomida) para el tratamiento del eritema nodoso leproso y del mieloma múltiple, al igual que su similar Revlimid (Lenalidomida).

El segundo suceso importante que ocurrió después de las miles de deformaciones producidas teratogénicamente por la talidomida, es que nace en la farmacología, la farmacovigilancia, como mecanismo de alerta temprano sobre los posibles efectos adversos originados por el consumo de fármacos y/o por la utilización de los dispositivos médicos.

En este caso especial, la farmacovigilancia para la talidomida es supremamente estricta, para ello existe el “STEPS™”: A comprehensive program for controlling and monitoring access to thalidomide o programa integral para controlar y monitorear el acceso a la talidomida; donde  el fabricante establece un programa integral para controlar la prescripción, la dispensación; solo por un farmacéutico profesional, la administración y el uso del medicamento (seldis., at al, 1999).

…Hace 61 años, pues, que la talidomida ,  deformó y mató a miles de  bebés en todo el mundo y, a pesar de todas las normas de farmacovigilancia y precauciones extremas que se relacionan con su “nuevo uso”, quizás, aquel hombre que “camina” por las calles de Medellín, no se imagina  que aquella droga, que su madre consumió para las náuseas cuando el apenas tenía dos meses de vida intrauterina, ande talidomidando, no como una sombra, sino más bien camuflada con una nueva máscara, a la espera de su próximo  ataque.

Escrito por: Héctor Isaza montoya

De Medellín para el mundo

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Bibliografía

  • Chávez Viamontes, J. Á., Quiñones Hernández, J., & Bernárdez Hernández, O. (2009). Talidomida, contextos históricos y éticos. Humanidades Médicas, 9(3), 0-0.
  • Meckler, paola, juarez y. capacitacion sobre farmacovigilancia al personal de salud del hospital general de accidentes ( hga ) del instituto guatemalteco de seguridad social ( igss ). universidad de san carlos de guatemala; 2009. p. 1–68.
  • Domínguez Fabars, A., Boudet Cutié, O., Guzmán Sancho, I., Gómez Labaut, R., & Díaz Samada, R. E. (2015). Algunas consideraciones actuales sobre las malformaciones en el desarrollo del sistema osteomioarticular. Medisan, 19(12), 1547-1555.
  • Papaseit, E., Algar, Ó. G., & Albaladejo, M. F. (2013). Talidomida: una historia inacabada. Anales de Pediatría: Publicación Oficial de la Asociación Española de Pediatría (AEP), 78(5), 283-287.
  • Pérez Landeiro, A., Allende-Bandrés, M. A., Agustín Fernández, M. J., & Palomo Palomo, P. (2002). Teratogénesis: clasificaciones. Farm Hosp, 26(3), 171-177.
  • Redonda, M., & Canal, E. F. Talidomida, del desastre a la esperanza
  • Ruiz-Esmenjaud, J. (2017). Challenges of the Mexican Society of Dermatology. Dermatología Cosmética, Médica y Quirúrgica, 15(3), 150-151.
  • Sigala, C., Nelle, H., & Halabe, J. (2001). El resurgimiento de la talidomida. Revista de la Facultad de Medicina UNAM, 44(5), 212-215.
  • Zeldis, J. B., Williams, B. A., Thomas, S. D., & Elsayed, M. E. (1999). STEPS™: A comprehensive program for controlling and monitoring access to thalidomide. Clinical therapeutics, 21(2), 319-330.
  • imagen: cortesía de pixabay

 

 

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